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miércoles, 4 de julio de 2012

REFLEXIÓN: CUANDO EL TEDIO APAREZCA



Cuando el desaliento te amenace el camino, piensa en los demás, en aquellos que no disponen de tiempo para ninguna entrevista con el tedio.

Si te crees amargando lecciones demasiado severas en el colegio de la vida, frecuenta, de cuando en cuando, la escuela de las grandes pruebas, donde los aprendices se acomodan en la silla de las lágrimas. Muchos yacen en la calle, extendiendo las manos fatigadas a los que pasan con prisa. . . En la mayoría, son enfermos que la onda renovadora del grupo social arrojó a la playa de la asistencia púb1ica o madres afligidas a quienes las exigencias de niños pequeños aún no permiten la libertad de una profesión.

Probablemente, alguien dirá que entre ellos se encuentran oportunistas y malhechores que se disfrazan de enfermos para asaltarte la bolsa en nombre da la piedad. Comprendemos semejante alegato y justificamos, porque el mal existe siempre donde queramos destacar su presencia y, aunque te roguemos el beneficio de la oración, en favor de los que actúan así, más por ignorancia que por maldad, apelamos para que consultes aún aquellas otras salas del aula que se enfilan en los recintos de los hospitales y en los albergues olvidados. Acompaña los estudios de aquéllos cuyo cuerpo se carga de heridas dolorosas para que agradezcas la piel saludable que te viste la figura o sigue la cartilla de agónicas emociones de los que se recogen en los manicomios, sorbiendo angustia y desespero en los resbaladeros de la locura o de la obsesión, a fin de que valorices el cerebro tranquilo que te corona la existencia. . . Visita los asilos que resguardan la chatarra del sufrimiento humano y observa las disciplinas de los que fueron entregados a las meditaciones de la penuria, para quienes un simple sándwich es un presente raro y comparte los ejercicios de nostalgia y de dolor de los que fueron abandonados por los seres que más aman, a fin de que bendigas el pan de tu casa y los afectos que te enriquecen los días.

Cuando el tedio te procure, ve a la escuela de la caridad. . . Ella te despertará hacia las alegrías puras del bien y te hará luz en el corazón, librándote de las tinieblas que acostumbran descender sobre las horas vacías.   (Emmanuel)


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