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jueves, 29 de noviembre de 2012

EL CALENDARIO MAYA, EL ESPIRITISMO Y LA GRAN TRANSICIÓN PLANETARIA.



Originado probablemente por el temor del ser humano a la muerte, continuamente la humanidad es fustigada con predicciones catastróficas que anuncian el fin del mundo, la próxima fecha señalada para el cataclismo final, sería el próximo solsticio de invierno es decir el 21 diciembre de 2012, fecha aparentemente indicada en el calendario Maya como el final de los tiempos.
Atemorizada, la humanidad ha tomado la noticia como punto de partida para analizar el estado del planeta. En el mundo, el panorama es desolador: las catástrofes naturales son más frecuentes y destructivas, la crisis económica y alimenticia no se detiene, el hombre daña el medio ambiente con prácticas como la minería, los virus y enfermedades son más letales, la inequidad social ha despertado una conmoción social sin precedentes y las alternativas de algunos son para muchos esfuerzos inútiles.

¿Se dirige el planeta hacia su fin el 21 de diciembre de 2012?

Esta fecha fue establecida en el calendario Maya, un calendario que comienza a contar el tiempo desde el 11 de agosto del año 3114 A.C., es decir, antes de las fechas arqueológicas que datan el origen de esa misteriosa civilización. De acuerdo con aquellas fechas, los mayas florecieron entre el 1800 a. C. y 1450 d. C. en un vasto territorio que incluía regiones de América Central y del Sur, donde las ruinas de sus ciudades y pirámides monumentales resisten al tiempo.
Los Mayas son reconocidos por su avanzado conocimiento de astronomía y por la precisión de sus diferentes calendarios, que marcaban el tiempo Maya en ciclos de 260 días como el calendario solar, de 360 días llamado Haab, otro de 52 años y el de “cuenta larga” que computaba ciclos o eras de 5.125 años, fue con base en este calendario de largos ciclos, que se estableció la tradición de la profecía Maya del fin de los tiempos.

Esta profecía al parecer coincide con otros vaticinios sobre el Fin de la Era, igualmente establecidos para esta misma fecha del 21 de diciembre de 2012, como las que se encuentran en los manuscritos de los indios Hopi; en las cuartetas de Nostradamus, las del Antiguo Testamento y el código secreto de la Biblia; en el Oráculo Chino del I -Ching, en las profecías de las Pirámides Egipcias, las que hablan del paso del gran planeta - cometa Hercólubus que aparentemente sucede cada 25.625 años, entre otras; las que a su vez parecen estar sustentadas con varios hechos astronómicos supuestamente confirmados por científicos de la NASA para esta misma época como tormentas solares, eclipses y la alineación galáctica o Presesión de Equinoccios que sucede cada 25.868 y que aparentemente coinciden en esta misma fecha.

Entre los que se dedican al estudio científico de los escritos Mayas, se encuentra el arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Orlando Casares, que explica que los Mayas tenían una visión cíclica de la existencia, y ellos no creían en la destrucción final de la vida.
Según el arqueólogo, en 2012 termina una era maya de 5.125 años y, al igual que sucede al término de cada año, empezará la era siguiente, la sexta para los mayas.

¿Que nos dice al respecto la Doctrina Espírita?

El Espiritismo está de acuerdo no solo con las profecías Mayas, sino muchas otras que en ese ambiente, se explotan relacionadas a las transformaciones por las cuales la tierra está pasando para entrar en una Nueva Era, ya que por lo visto están en conformidad con lo que enseña la Doctrina Espirita al respecto de la Transición Planetaria.
El Espiritismo en la obra de Allan Kardec “El Génesis Milagros y Predicciones Según el Espiritismo”, nos habla sobre la época actual de transición por la que la tierra está pasando pero esta no se trata de un fin físico de nuestro planeta, sino del surgimiento de una Nueva Era, cuando la tierra pasará, en la escala de los mundos habitados, de mundo de expiación y pruebas (segunda categoría), a mundo de regeneración (tercera categoría) lo que aparentemente sucederá de una manera gradual.
Nuestro planeta, así como todo lo que existe, está sujeto a la ley del progreso; progresa físicamente por la transformación de los elementos que lo componen y, moralmente, por la depuración de los Espíritus encarnados y desencarnados que lo pueblan. Estos dos progresos se relacionan y avanzan paralelamente, puesto que la perfección de la habitación está en relación con la del habitante.

El Espiritismo también coincide con las predicciones de los escritos Mayas y que es actualmente confirmado por la ciencia respecto de la Alineación Galáctica, nos dice que la Tierra además de su movimiento anual alrededor del Sol, y de su movimiento de rotación sobre sí misma, presenta un tercer movimiento que se cumple cada 25.868 años, fenómeno designado en Astronomía con el nombre de la Precesión de los Equinoccios; actualmente nos encontramos en la mitad de este movimiento.

Las consecuencias del cambio físico planetario a causa de este movimiento no pudieron aún ser determinadas con precisión, porque sólo ha podido observarse una muy pequeña parte de su revolución. Por lo tanto, sobre este tema todas son presunciones, algunas con un cierto grado de probabilidad.
Estas consecuencias son:

1) El calentamiento y enfriamiento alternativo de los polos y, en consecuencia, la fusión de los hielos polares.
2) El desplazamiento lento y gradual del mar que invade poco a poco tierras y se retira de otras para volver a abandonarlas y regresar a su antiguo lecho.
La lentitud con que se opera este movimiento lo vuelve casi imperceptible mientras las generaciones se suceden sin advertir esos cambios. Pero es sensible al cabo de algunos siglos. No puede ocasionar ningún cataclismo súbito, porque los hombres, de generación en generación, se retiran a medida que sucede.

¿Pero si estas revoluciones periódicas que sufre el planeta son casi imperceptibles, entonces qué está pasando actualmente al planeta tierra?

Cataclismos actuales y futuros
En 2004, en el océano índico, se producía un terremoto desencadenante de una serie de tsunamis que borrarían literalmente del mapa islas, playas y poblaciones, que quedaron sumergidas en una densa capa de lodo, agua y cerca de 300.000 cadáveres en el sudeste asiático. En 2010, un poderoso terremoto en Chile cambió el eje de la Tierra. En 2011, en una de las catástrofes humanitarias más graves de la historia, Haití se veía sacudir por un seísmo en el que fallecieron 316.000 personas, 350.000 más quedaron heridas, y más de 1,5 millones se quedaron sin hogar. En esta lista podemos incluir el reciente terremoto y tsunami de Japón, y el volcán islandés que interrumpió el tráfico aéreo en toda Europa, demostrando la fragilidad humana ante los fenómenos de la naturaleza. Por muy contrario que sea al catastrofismo, cualquier persona se podría preguntar: ¿qué es lo que está pasando?

Los Espíritus Superiores nos dicen que indudablemente podrán producirse aún perturbaciones locales como consecuencia de erupciones volcánicas, por terremotos y sismos, por apertura de nuevos volcanes y de inundaciones súbitas de ciertas comarcas, al paso que algunas islas podrán surgir del mar y otras hundirse en él. Pero el momento de los cataclismos generales, como fueron aquellos que marcaron los grandes períodos geológicos, pasó ya. La Tierra tomó un lugar que, sin ser absolutamente invariable, resguardará en adelante al género humano de las perturbaciones generales, sin contar las causas desconocidas, extrañas a nuestro mundo que, por consiguiente, nadie podría prever.

En cuanto a temer la posibilidad del encuentro de la Tierra con cometas gigantes, como el llamado Hercólubus hay que entender que en razón de su naturaleza fluídica, no se puede temer un choque violento, ya que, en el caso de que uno de ellos se topase con la Tierra, sería esta última la que pasaría a través del cometa como por entre un manto de neblina. Por otra parte, numerosos cometas ya se han aproximado a la Tierra sin causar daño alguno.
Igualmente es necesario relegar entre las hipótesis quiméricas la posibilidad de un encuentro de la Tierra con un planeta gigante. La regularidad e invariabilidad de las leyes que presiden los movimientos de los cuerpos celestes quitan toda posibilidad a este encuentro.
Sin embargo, la Tierra tendrá fin. Pero, ¿cómo? Eso entra en el terreno de las conjeturas.

Señales de los tiempos

En el sermón profético de Jesús (Marcos, 13, 1-23), cuando es interpelado por sus discípulos sobre las señales de la llegada de los tiempos del fin, nos explica que habrá falsos Cristos y profetas, nos habla de calamidades y padecimientos, de guerras y discordia en el seno de las familias. Sin embargo el Maestro afirma que sólo Dios puede conocer este momento, y nos hace una invitación a nuestra reforma íntima.“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” y, puesto que no podemos saber cuándo será este momento, nos advierte sobre qué hemos de hacer hasta entonces: “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo del fin.
También en (Mateo 24: 14) encontramos palabras proféticas de Jesús que nos dice: “Cuando el evangelio sea predicado en toda la Tierra es entonces que llegará el fin”
Conviene esclarecer que el término “fin”, empleado por Jesús está relacionado con la idea del tiempo y no con la del espacio, exactamente la misma idea que expresan los Mayas en su calendario de largos ciclos. Por tanto, Jesús se refería al fin de una Era, y no al fin del mundo físico.

Esto es lógico, pues cuando las criaturas humanas estuvieran evangelizadas sería el fin de la violencia, de las luchas fratricidas, del narcotráfico, del racismo y de todo el mal que aún perdura en el corazón del hombre. Entonces ¿Seria racional que Dios acabara con nuestro planeta, cuando las criaturas humanas estuvieran viviendo plenamente el mensaje del Evangelio? Eso no estaría conforme con la Justicia y la Bondad de Dios. Por tanto razonando las palabras de Jesús podemos deducir de que el cambio que debe operarse en la humanidad es a nivel moral.
Al vaticinar la era de renovación que debía iniciarse para la Humanidad y marcar el fin del viejo mundo, Jesús pudo decir, entonces, que sería individualizada por fenómenos extraordinarios, temblores de tierra, plagas diversas y señales en el cielo, sin alejarse de las leyes naturales. Pero el vulgo ignorante vio en esas palabras el anuncio de acontecimientos milagrosos.

Si por el encadenamiento y la solidaridad de las causas y los efectos los períodos de renovación moral de la Humanidad coinciden, como todo lleva a creerlo, con las revoluciones físicas del planeta, podrán verse acompañados o precedidos por fenómenos naturales, insólitos, en razón de su inhabitualidad, de meteoros que parecen extraños, de un recrudecimiento y una intensidad desacostumbrada de las plagas destructoras.

Esas plagas no son ni causa ni presagio de acontecimientos sobrenaturales, sino una consecuencia del movimiento general que se opera en el mundo físico y en el mundo moral.
La Humanidad cumple un período de transformación, cada transformación está marcada por una crisis que es, para el género humano, lo que son las crisis de crecimiento para el ser humano como individuo. Estas crisis, a menudo dolorosas, se llevan consigo a generaciones e instituciones, pero siempre son seguidas por una fase de progreso material y moral.

Momento de transición: Hacia un planeta de regeneración


La agitación política, económica, cultural, técnica e incluso de los fenómenos de la naturaleza son la faceta visible de lo que sucede en la atmósfera psíquica de la Tierra, que supera, lenta y progresivamente, un nivel evolutivo caracterizado por pruebas y expiaciones y entra en una nueva etapa de regeneración. Esta nueva etapa, sin embargo, no empieza con fecha y horas fijadas por decreto

La Humanidad ha realizado hasta hoy indiscutibles progresos. Los hombres, gracias a su inteligencia, han obtenido resultados jamás alcanzados en lo que respecta a la ciencia, el arte y el bienestar material. Pero les queda aún por realizar un inmenso progreso: hacer reinar entre sí la caridad, la fraternidad y la solidaridad para asegurar el bienestar moral.

Ante toda la agitación que experimenta nuestro planeta, la Doctrina Espírita nos aclara que somos constructores de nuestra existencia y que nuestra meta evolutiva es la plenitud. Ésta no se alcanza a través de una única incursión en la carne, si no que es una labor que se prolonga a través de muchas existencias carnales. Lo que algunos llaman “sufrimiento” o “karma”, son oportunidades de aprendizaje en el camino hacia la perfección.
Progresivamente, los Espíritus renuentes en el mal ya no encarnarán en nuestro planeta, siendo conducidos por la espiritualidad superior a mundos inferiores. No se trata de un castigo, si no de sintonía. La frecuencia vibratoria de la atmósfera psíquica de la Tierra está cambiando. Esto determina que Espíritus que no han alcanzado la calidad vibratoria que sólo la elevación moral puede proporcionar tendrán que ser llevados a habitar mundos más acordes a sus perfiles vibratorios.
El amor, la esperanza y la alegría deben ser las marcas registradas en el hombre que se prepara para vivir en un planeta de regeneración.

La Nueva Era

La Tierra -al decir de los Espíritus- no debe ser transformada por un cataclismo que aniquile súbitamente a una generación. La generación actual desaparecerá poco a poco y la nueva la sucederá del mismo modo, sin que haya perturbación en el orden natural de las cosas.
Todo ocurrirá exteriormente como de ordinario, con la sola diferencia indicada. Mas esta diferencia tiene una importancia capital, y es que los Espíritus indignos que encarnaban en la Tierra ya no volverán a hacerlo en ella. En el niño que nazca, en vez de un espíritu atrasado e inclinado al mal, encarnará un espíritu más avanzado e inclinado al bien.
Se trata, en realidad, de una nueva generación de Espíritus y no de una nueva generación corporal. Indudablemente, en tal sentido hablaba Jesús, cuando decía: “De verdad os digo, que esta generación no pasará sin que estas cosas se hayan cumplido.” Quienes esperen ver esta transformación operarse por medios sobrenaturales y maravillosos, resultarán defraudados.


Jesús sabiamente nos invita a la reforma intima. Las señales de una profunda transformación de la vida en la Tierra están en todas partes y por esto urge que nos dediquemos a buscar la educación de nuestros sentimientos y emociones en lo cotidiano, usando el amor como terapia preventiva, ya que solamente alcanzaremos la madurez espiritual cuando seamos capaces de amarnos incondicionalmente los unos a los otros como Jesús nos enseñó.


(Texto resumido de la conferencia "El Espiritismo y la Transición Planetaria"por Miguel Gustavo Sánchez Acevedo  organizada por el Centro de Estudios Espíritas Allan Kardec de Quito. Basado en las Fuentes obtenidas en: "El Génesis, Milagros y Profecías según el Espiritismo". Allan Kardec. "Revista espirita Reformador" FEB, "La Transición Planetaria" por Divaldo Franco)

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