Todo, en el universo tiene un orden, precisión, armonía, inteligencia y una perfección tal, que supera inmensamente la comprensión humana. Con el avance de la tecnología, lo que antes era un enigma va descifrándose poco a poco ante los hombres de ciencia que la estudian, quienes se admiran cada vez que penetran algún enigma, porque surgen nuevos y mayores enigmas por descifrar ampliándose inmensamente el campo de estudio.
Para el hombre común, basta detenerse un instante ante cualquier manifestación de la naturaleza por pequeña o insignificante que esta pueda parecer, para darse cuenta la inmensa sabiduría que la naturaleza posee en si misma, y de la que un hombre de buen discernimiento jamás admitiría el absurdo de creer que tal organización surgió de la nada y que la nada creó algo y que este algo de manera fortuita se organizó formando la maravillosa e inteligente Obra Universal.
Sin embargo, el orgullo de ciertos hombres de ciencia se revela ante la posibilidad de rendirse a admitir una inteligencia superior a la suya, que sea la causa primera de toda creación universal, y tratando de sustentar su necedad por la ceguedad de su orgullo, caen en la pueril presunción de atribuir al azar la causa de todo lo que existe, sabiendo incluso que el azar no es un ser inteligente, y que una combinación fortuita para la formación integral del universo se opone enormemente al azar en base a la ley matemática de probabilidades.
LEY DE CAUSA Y EFECTO
En el capítulo primero, Ítem 4, del Libro de los Espíritus de Allan Kardec, bajo el título:
“PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS” realiza a los Espíritus Superiores la siguiente pregunta:
“-¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios?
Respondiendo a esta interrogante los Espíritus dicen:
“– En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os responderá.”.
“...para creer en Dios basta pasear la vista por las obras de la Creación. El Universo existe; luego tiene una causa...”;
“...dudar de la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto tiene una causa y sentar que la nada ha podido hacer algo...”.
“...Se puede admitir que un efecto inteligente proviene de una causa inteligente, de la misma forma como se juzga la potencia de la causa por la potencia del efecto...”.
“...La armonía que regula las actividades del Universo revela combinaciones y fines determinados y por lo mismo, un Poder Inteligente. Atribuir la formación primera al acaso sería un contrasentido, porque el acaso es ciego y no puede producir los efectos de la inteligencia. Un acaso inteligente no sería ya el acaso...”.
“...Por su obra se conoce al artífice; la inteligencia de Dios se revela en sus obras, como la de un pintor en el cuadro; .... se juzga de la potencia de una inteligencia por sus obras y no pudiendo ningún ser humano crear lo que la Naturaleza produce, la causa primera es una inteligencia superior a la Humanidad...”
“...Cualquiera que sean los prodigios hechos por la inteligencia humana, tiene su causa en esta misma inteligencia y cuanto más grande sea lo que ella haga, tanto mayor debe ser su causa primera... Esta inteligencia es la causa primera de todas las cosas, cualquiera que sea el nombre con el cual el hombre la designe...”
EL CÓDIGO DE FIBONACCI Y LA RAZÓN AUREA EN LA NATURALEZA.
Existe en la misma naturaleza una marca distintiva, un número o mejor aún, un código que identifica y prueba una creación inteligente. En el llamado código o serie de Fibonacci y que nos lleva consecuente al número de oro, el que hasta ahora es un misterio indescifrable para los sabios y matemáticos porque se encuentra en toda la Obra Universal.
LEONARDO DE PISA, FIBONACCI
Matemático italiano recordado por que fue quien trajo de la India y Arabia nuestro sistema numérico actual, en una sociedad que no usaba el cero, pero es mas recordado por que fue el primero que descubrió y estudió la conocida serie de Fibonacci, llamada así en su honor, esta es una sucesión donde cada número es el resultado de sumar los dos que lo preceden. Así, la primera y más básica serie de Fibonacci sería:
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233...
Lo interesante de las series de Fibonacci es que prácticamente cualquiera (con la sola condición de que domine la aritmética básica) puede investigarlas, descubrirles nuevas propiedades y desarrollar teoremas propios, inéditos y curiosísimos sobre ellas.
Las aplicaciones de los números de Fibonacci son también, al parecer, infinitas: se utilizan en generación de números al azar, en la búsqueda de valores máximos y mínimos de funciones complejas de las que se ignora la derivada, en trabajos de clasificación de datos, en recuperación de información en computadoras, y mil etcéteras más.
Las series de Fibonacci o sus correspondencias aparecen en toda la naturaleza y tienen propiedades extrañísimas, quizás una de las más curiosas, es que el cociente de dos números consecutivos de la serie converge rápidamente hacia número de oro
Podemos hallar la razón áurea o los números de la serie de Fibonacci en toda la naturaleza desde el átomo, hasta los agujeros negros y galaxias.
¿UN NÚMERO ORO?
Al número de oro se lo conoce también como "razón dorada", "sección áurea", "razón áurea" y "divina proporción". Tiene un valor de (1+ raíz de5)/2, es decir, 1.61803..., y se nombra con la letra griega Phi.
El número áureo fascinó como la medida perfecta de belleza a griegos y renacentistas, quienes lo utilizaron en matemática, arte, arquitectura, música etc…
El número áureo fascinó como la medida perfecta de belleza a griegos y renacentistas, quienes lo utilizaron en matemática, arte, arquitectura, música etc…
LA ESPIRAL LOGARITMICA
Si tomamos un rectángulo áureo ABCD y le sustraemos el cuadrado AEFD cuyo lado es el lado menor AD del rectángulo, resulta que el rectángulo EBCF es áureo. Si después a éste le quitamos el cuadrado EBGH, el rectángulo resultante HGCF también es áureo. Este proceso se puede reproducir indefinidamente, obteniéndose una sucesión de rectángulos áureos encajados que convergen hacia el vértice O de una espiral logarítmica.
Esta curva ha cautivado, por su belleza y propiedades, la atención de matemáticos, artistas y naturalistas. Se le llama también espiral equiangular (el ángulo de corte del radio vector con la curva es constante) o espiral geométrica (el radio vector crece en progresión geométrica mientras el ángulo polar decrece en progresión aritmética). J. Bernoulli, fascinado por sus encantos, la llamó spira mirabilis, rogando que fuera grabada en su tumba.
PHI EN LA NATURALEZA
La espiral logarítmica vinculada a los rectángulos áureos gobierna el crecimiento armónico de muchas formas vegetales (flores y frutos) y animales (conchas de moluscos), aquellas en las que la forma se mantiene invariante. El ejemplo más visualmente representativo es la concha del nautilus.
Podemos encontrar el número áureo en los distintos seres que pueblan la naturaleza, entre ellos el hombre.
La sucesión de Fibonacci Y Las Partes Corporales De Humanos Y Animales
Leonardo Da Vinci realizó este dibujo para ilustrar el libro De Divina Proportione del matemático Luca Pacioli editado en 1509. En dicho libro se describen cuales han de ser las proporciones de las construcciones artísticas. En particular, Pacioli propone un hombre perfecto en el que las relaciones entre las distintas partes de su cuerpo sean las del dibujo adjunto. Resulta que la relación entre la altura del hombre y la distancia desde el ombligo a la mano es el número áureo.
En el cuerpo humano el número áureo aparece en muchas medidas: la relación entre las falanges de los dedos es el número áureo, la relación entre la longitud de la cabeza y su anchura es también este número.
La relación entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos.
La relación entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla.
La relación entre las divisiones vertebrales.
La relación entre las articulaciones de las manos y los pies
La longitud de la cabeza y su anchura.
La relación entre la boca, nariz, ojos, etc.. en la cara.

La relación entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla.
La relación entre las divisiones vertebrales.
La relación entre las articulaciones de las manos y los pies
La longitud de la cabeza y su anchura.
La relación entre la boca, nariz, ojos, etc.. en la cara.
La longitud del metacarpo es la suma de las dos falanges proximales; la longitud de la primera falange es la suma de las dos falanges distales, por ende guardan la proporción áurea.
Genealogía y Genética
También podremos observar los números de Fibonacci y el número áureo en la genética, en los códigos genéticos y los espirales cromo somáticos de los seres vivos.
Así también en los árboles genealógicos, por ejemplo en el estudio de poblaciones idealizadas de conejos, vacas y abejas. El número de descendientes en cada generación de una abeja macho o zángano nos conduce a la sucesión de Fibonacci, y por lo tanto, al número áureo.
La construcción de los panales de abejas también tienen relación con las series de Fibonacci: si se observan las celdas hexagonales de una colmena y se coloca a una abeja en una cualquiera de ellas, y se le permite alimentar a la larva, suponiendo que continuará siempre por la celda contigua de la derecha, veremos que hay sólo una ruta posible para la siguiente celdilla; dos hacia la segunda, tres hasta la tercera, cinco hasta la cuarta, ocho rutas posibles hacia la quinta, etcétera.
BOTÁNICA
BOTÁNICA
El número de espirales en numerosas flores y frutos también se ajusta a parejas consecutivas de términos de esta sucesión: los girasoles tienen 55 espirales en un sentido y 89 en el otro, o bien 89 y 144.
Las margaritas presentan las semillas en forma de 21 y 34 espirales. Y cualquier variedad de piña presenta siempre un número de espirales que coincide con dos términos de la sucesión de los conejos de Fibonacci, 8 y 13; o 5 y 8
La parte de la botánica que estudia la disposición de las hojas a lo largo de los tallos de las plantas se denomina Filotaxia. En la mayoría de los casos es tal que permite a las hojas una captación uniforme de la luz y aire, siguiendo, normalmente, una trayectoria ascendente y en forma de hélice. Parece que el mundo vegetal viene programado en sus códigos genéticos del crecimiento los términos de la sucesión de Fibonacci.
En el ordenamiento de las hojas en una rama.
Si tomamos la hoja de un tallo y contamos el número de hojas consecutivas hasta encontrar otra hoja con la misma orientación, este número es, por regla general, un término de la sucesión de Fibonacci.
Si tomamos la hoja de un tallo y contamos el número de hojas consecutivas hasta encontrar otra hoja con la misma orientación, este número es, por regla general, un término de la sucesión de Fibonacci.
Además, si mientras contamos dichas hojas vamos girando el tallo (en el sentido contrario a las agujas del reloj, por ejemplo) el numero de vueltas que debemos dar a dicho tallo para llegar a la siguiente hoja con la misma orientación resulta ser también un término de la sucesión.
En el número de espirales que forman los granos de frutos como las piñas de pino; Las "hojas" de una piña de pino tienen, por regla general, una característica de 5/8 o bien 8/13, presentando propiedades similares las hojas de las lechugas, los pétalos de las flores, las ramas de las palmeras, el ficus, etc., ejemplos que se pueden comprobar fácilmente.
LA SUCESIÓN DE FIBONACCI EN LA MÚSICA, EL ARTE Y LA ARQUITECTURA
El Numero Áureo es considerado como la medida perfecta de belleza por excelencia por tanto ha sido considerado en las obras de grandes genios de la música el arte y la arquitectura así tenemos:
La relación entre las partes, el techo y las columnas del Partenón, en Atenas (s. V a. C)..
En las estructuras formales de las sonatas de Mozart, en la Quinta Sinfonía de Beethoven, en obras de Schubert y Debussý.
En los violines la ubicación de las efes (los “oídos”, u orificios en la tapa) se relaciona con el número áureo.
El número áureo aparece en las relaciones entre altura y ancho de los objetos y personas que aparecen en las obras de Miguel Ángel, Durero y Da Vinci, entre otros.
En la Física, Química y Astronomía.
La razón áurea y la serie Fibonacci, se puede constatar en los fulerenos de los átomos, así como en las grandes espirales que forman las galaxias.
También la física parece adorar las sucesiones de Fibonacci. Si se colocan dos láminas planas de vidrio en contacto y se hace que unos rayos luminosos las atraviesen, algunos (dependiendo del ángulo de incidencia) las atravesarán sin reflejarse, pero otros sufrirán una reflexión. El rayo que no sufre reflexión tiene sólo una trayectoria posible de salida; el que sufre una reflexión tiene dos rutas posibles; el que sufre dos reflexiones, tres trayectorias, el que experimenta tres reflexiones, cinco, y así sucesivamente. Tenemos aquí nuevamente una serie de Fibonacci: 1, 1, 2, 3, 5, 8...
Estos ejemplos bastan para probar el diseño inteligente de la Creación, y que para que los que aún tengan dudas, prueben que un código puede hacerse solo o al azar y repetirse infinitamente en el Universo.
El número Áureo una prueba mas de la existencia de Dios por su Obra Universal, marca sublime de la Inteligencia Suprema, por su belleza, y pródigo amor que nos legó a la humanidad que poco a poco lo descubre en su ciencia.
3 comentarios:
muy buena la página, los felicito realmaente es excepcional su trabajo
como hace enojar que toda una compleja propiedad matematica se manche con irrelevante religion
Compleja propiedad matemática tienes razón, y algo tan complejo no pudo hacerse solo pero alli está en toda la naturaleza, ... y como dice aqui, aunque cueste al orgullo humano aceptarlo es una intelegencia universal que supera al entendimiento humano, quien lo hizo? si no la llamamos Dios para que no se vea religioso llamemoslo con el nombre que queramos que eso no cambiará la causa de la inteligencia que lo diseñó.
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